Del realismo sin renuncia al pragmatismo de los acuerdos:

Poner a las personas en el centro.1

Por Mariana Aylwin O.

       El gobierno anterior tuvo un carácter fundacional. Intentó empezar un nuevo ciclo expresado en el cambio del modelo, el cual abandonaba la ruta impulsada por los gobiernos de la Concertación, para deslizarse hacia una más cercana a la de los llamados socialismos del siglo XXI latinoamericanos. Sin embargo, la ciudadanía no dio continuidad a ese camino. Al contrario, le propinó una derrota política significativa. Desde la primera mitad del siglo XX que no triunfaba un candidato de la derecha con tanto apoyo.  La paradoja es que puede ser este gobierno el que empiece un nuevo ciclo, si es que lo hiciera razonablemente bien y se prolongue por más de un período presidencial.

       La izquierda por sí sola no tiene perspectivas de volver a gobernar. Requiere del centro político.  El problema es que el centro fue perdiendo la capacidad de interpretar a su mundo cultural y, una parte de este, tras casi tres décadas del inicio de la democracia, se atrevió a cruzar la vereda. Prefirió el discurso de los acuerdos y encontró en la oferta de derecha más posibilidades de respuesta a la demanda de bienes públicos de calidad. No fue una elección entusiasta, fue una elección pragmática. Fue la consecuencia de que durante la administración anterior no hubo realismo, sino al contrario, predominara un idealismo que no dialogó con la realidad y que, el “sin renuncia”, se expresara en un voluntarismo ideologizado, que entendió la democracia como el derecho de la mayoría a imponer su visión de la sociedad consagrada en el “programa”.

Un nuevo ciclo que conduzca al país hacia un desarrollo inclusivo requiere de mucho más que acuerdos pragmáticos. Me voy a detener en tres prioridades.

       Chile necesita, en primer lugar, lograr un clima político que devuelva a la democracia su valor esencial para una convivencia civilizada. El respeto irrestricto al Estado de Derecho, la capacidad de diálogo, la construcción de mayorías en torno a temas fundamentales, el recuperar credibilidad y confianza en las instituciones son requisitos indispensables para la gobernabilidad política, el crecimiento económico y el desarrollo social.  Por lo tanto, abordar el fortalecimiento de la institucionalidad y la convivencia democrática es un objetivo prioritario.

       En los extremos se percibe un claro desprecio por la democracia representativa. Los que aún defienden la dictadura militar coinciden con los que defienden los regímenes de Cuba y Venezuela. Se confunden también quienes, desde la izquierda o la derecha, presentan proyectos o acusaciones que claramente son inconstitucionales. Son parecidos en el uso de un lenguaje totalitario y descalificador hacia quienes piensan distinto, sembrando un caldo de cultivo favorable para los fanatismos y las acciones agresivas o violentas.

       Esta tarea puede y debe ser impulsada desde el gobierno, pero necesita también de un espacio de encuentro, de debate civilizado de visiones distintas; de bajar los prejuicios y construir complicidades.

       El ejemplo más notable en nuestra historia reciente – que para los jóvenes parece tan lejano – fue el esfuerzo de unidad de la oposición en tiempos de la dictadura a punta de conocerse, conversar, bajar barreras y privilegiar lo que los unía por sobre lo que los dividía. Y esa cultura se expresó también durante los gobiernos de la Concertación.  Creo que los movimientos, grupos y partidos que se sitúan en el centro político, incluida por cierto la Democracia Cristiana, deben ser parte fundamental de este esfuerzo.

       Otra prioridad para impulsar un nuevo ciclo que lleve el país al desarrollo, es revalorizar el significado del crecimiento económico, con mercados abiertos y competitivos, con un Estado regulador que promueve el bien común y una subsidiariedad entendida no desde una perspectiva economicista, sino social. Las sociedades intermedias, el rol de las empresas grandes, medianas y pequeñas, la alianza público – privada, la participación social para la solución de los problemas que aquejan a la ciudadanía, el emprendimiento y el empuje en todos los ámbitos son un aporte al desarrollo de los bienes públicos que la sociedad está demandando.

       Requiere también una valoración del trabajo bien hecho, de políticas públicas con diagnósticos y financiamiento adecuados, con continuidad, evaluaciones de impacto y una correcta gestión.  No puede ser que cada cuatro años se deseche lo del gobierno anterior y se intente inventar la pólvora.

       Por último, un nuevo ciclo que lleve al país hacia un desarrollo con una mejor vida humana requiere entender la nueva sociedad, la diversidad, la heterogeneidad y la complejidad de la vida actual.  Los problemas de Chile no se reducen a la desigualdad. La igualdad no es el único propósito a promover.  Mejorar las condiciones de vida de los más pobres debe volver a ser una prioridad central.  Se trata de una pobreza distinta. Erradicar el narcotráfico antes de que se convierta en una cultura como ya está ocurriendo en algunas poblaciones urbanas, tiene la mayor trascendencia y es un trabajo comunitario de largo aliento que se relaciona con la construcción de nuestras ciudades. Identificar a los niños más vulnerables y acompañarlos desde el embarazo y durante su infancia es fundamental si queremos erradicar la marginalidad y la violencia. Acompañar a las mujeres para que puedan conciliar el trabajo con el hogar. A los adultos mayores que pronto vivirán cien años alargando su vida útil.

       En fin, se trata de poner hoy a las personas en el centro. Cuando hoy se escucha el discurso de que los problemas de Chile se enfrentan nacionalizando el litio, el agua, el cobre o con una nueva constitución, uno se pregunta ¿Cuáles serían los beneficios de emprender iniciativas que envuelven un enorme costo en conflictividad en vez de acordar regulaciones que permitan los beneficios sociales esperados?  No podemos perder más tiempo en disputas ideológicas que no se resuelven con que unos ganen sobre otros. En su lugar, debemos concentrarnos en aquello que pueda unirnos para impulsar las reformas más urgentes que tienen directamente que ver con los problemas que impiden que nuestros niños desplieguen sus alas, que nuestros jóvenes emprendan sus sueños y Chile pueda superar las barreras para ser un país desarrollado y un país de todos.

 ___________________

1. Ponencia presentada en el seminario: “Del realismo sin renuncia al pragmatismo de los acuerdos.” Evento inaugural del Centro de Estudios Democracia y Progreso, celebrado el jueves 5 de Julio del 2018 en Providencia, Santiago de Chile.

>> Descargar documento en PDF <<

Dejar un comentario

Grandes Humanistas