América Latina y China

Aceleradamente próximos

Juan Pablo Glasinovic Vernon

       Cuando en el último cuarto del siglo XX se decía que el siglo siguiente vería el predominio de las economías del Pacífico, no se alcanzó a dimensionar la velocidad del cambio de eje, ni el peso que adquiriría China es esa dinámica. En menos de 2 décadas, el Asia Pacífico se convirtió en el segundo socio comercial de América Latina y el Caribe, después de América del Norte. Y dentro del bloque asiático, sin duda que China ocupa un lugar estelar, por el lapso extremadamente breve en el cual ha llegado a convertirse en el principal socio económico de nuestra región.

Cómo se gestó este contexto?

       En 1980 China representaba el 5% del PIB de EEUU, mientras que en 2030, de no mediar algún cambio radical, será más del doble del producto estadounidense.

       Desde principios del actual siglo, China ha experimentado una asombrosa tasa de crecimiento del 8-10% anual, ganando recientemente el primer lugar en el comercio mundial y más del 15% del PIB global.

       En 2001, el país se unió a la Organización Mundial del Comercio (OMC), experimentando desde entonces un aumento de diez veces en las exportaciones en una década. En 2008, China organizó unas exitosas Olimpiadas de Verano y contribuyó aún más a su creciente reputación al eludir la ‘Gran Recesión’ de 2008-2009 con un asombroso crecimiento del PIB anual del 10%. Ese año marcó un hito en el rol internacional de China, con un giro a un mayor protagonismo, lo cual se confirmó con la asunción al poder en 2012 de Xi Jin Ping, y su declarada voluntad de recuperar el sitial principal para su país en el mundo, tras el paréntesis de un siglo y medio de primacía occidental.

Intercambio China – América Latina

       Entre 2002 y 2017, el intercambio China-Latinoamérica creció de USD17 billones a USD257 billones. En 2015, con motivo de su segunda visita oficial a países de nuestra región (en 4 años ha hecho 3 viajes como Jefe de Estado), el Presidente Xi se propuso llegar a USD500 billones en 2025.

       En 2017 las importaciones de China desde América Latina fueron USD126 billones y representaron el 7% del total de las compras chinas. Por su parte, las exportaciones chinas a nuestra región, fueron USD131 billones y representaron el 5,7% del total de sus envíos al mundo.

       La tendencia de este creciente comercio ha sido el déficit para la mayoría de los países de América Latina (con la excepción de Chile), y la configuración de un intercambio que se caracteriza por la concentración de las exportaciones de nuestra región en pocos productos, básicamente commodities, frente a bienes chinos manufacturados, con un alto componente tecnológico.

       Actualmente, China es el primer socio comercial de Brasil, Chile, Perú y Uruguay y un socio relevante de buena parte de los otros países de la región.

       Tras la oleada comercial, también han seguido las inversiones directas chinas, los créditos y la cooperación de ese país.

       En materia de inversiones directas, más de USD200 billones se han materializado al 2017, siendo nuestra región el segundo destino de los capitales de China a nivel global. De ese monto, más de la mitad ha tenido como destino el área de los recursos naturales (minería, hidrocarburos y agricultura, principalmente).

       En cuanto a los créditos, desde el 2005, China ha prestado más de USD150 billones a estados y empresas de América Latina. Los principales receptores (y deudores) de estos fondos son Venezuela (67), Brasil (29), Ecuador (18), Argentina (17).

       Esencialmente, estos créditos han tenido por objetivo proyectos de infraestructura y energía. Desde el 2002, China ha mostrado interés en el desarrollo de unos 150 proyectos de infraestructura de transporte en América Latina y el Caribe. Al 2018, casi la mitad de estos proyectos se encuentra en la fase de construcción. Y aproximadamente 40 por ciento de los proyectos de construcción respaldados por China, han comenzado dentro de los últimos cinco años.

       En buena medida vinculados a estos créditos, las compañías de construcción chinas están participando en toda la región. Entre las compañías llevando a cabo estos proyectos figuran los gigantes de la construcción, China Harbour Engineering (CHEC) y China Railway Construction Company, al igual que la gran petrolera china, Sinopec, y Sinohydro, la cual también ha sido responsable de la construcción de represas hidroeléctricas en ese país.

       Además de participar en la construcción, empresas chinas también han invertido en la adquisición de infraestructura crítica en la región, como empresas generadoras de electricidad, líneas de transmisión, puertos. Por ejemplo, la naviera COFO adquirió dos terminales del puerto Santos en Brasil en el 2014 y 2015 mediante su compra de una participación mayoritaria en la empresa holandesa Nidera y la rama entera de materias primas de la hongkonesa Noble Group.

       Adicionalmente, en materia de cooperación, que es sin duda una dimensión relevante del poder blando que desarrollan los estados y que China lleva muy poco implementando, entre el 2000 y 2014, destinó USD53 billones en ayuda a América Latina. Es el tercer destino después de Africa y Europa del Este.

       Finalmente, dentro de su estrategia de “una franja, una ruta”, el Presidente Xi incluyó a América Latina. Ello refleja la importancia estratégica que esta región ha adquirido para China, no solamente como fuente de insumos y materias para sostener su desarrollo, sino también como mercado muy importante para sus productos de alto valor agregado en la guerra por el dominio tecnológico en curso, y una plaza todavía muy atractiva y relativamente abierta a sus inversiones.

Situación actual y sus desafíos

       En menos de 2 décadas, China pasó de ser un país lejano y con muy poca densidad en sus relaciones con América Latina, a un socio de primera línea en todas las dimensiones económicas, y, en menor medida, en otros aspectos, partiendo por lo político.

       Esta mayor interacción sin duda que ha abierto espacios para nuestros países, diluyendo la tradicional primacía histórica de Estados Unidos en el hemisferio. Sin embargo, también ha introducido tensiones nuevas, que derivan de un cambio de sujeción en algunos casos. Varios países latinoamericanos han pasado a depender de los créditos, inversiones y el comercio chino, lo cual se está empezando a traducir en acciones de influencia interna.

       Un factor que hace más complejas las relaciones, es el rol de las empresas estatales chinas. ¿Hasta dónde llega su conducta económica y comienza su papel político? Esto sin duda que es una “novedad” para muchos países, ante la ambigüedad del rol de estas empresas, lo que incluye compras e inversiones en sectores estratégicos. No podemos ignorar que en muchos casos, la diplomacia china utiliza estos brazos.

       A lo anterior se suma el conflicto por la primacía global, cada vez más desatado entre EEUU y China, de lo cual no está aislada nuestra región. En el escenario que se está reconfigurando, las piezas se irán alineando y el margen de maniobra individual se irá reduciendo ante opciones binarias. Para mitigar aquello, se requiere ir generando una red de pesos y contrapesos, que necesariamente debe incluir una mayor coordinación intrarregional en lo político, además de un mayor comercio. En efecto, el volumen de las exportaciones intrarregionales en relación a las exportaciones totales se ha mantenido a través de los años, en un promedio del 20% frente a más del 50% en la UE y Asia Pacífico. Es por lo tanto indispensable diversificar los vínculos partiendo por nuestra región, procurando disminuir la dependencia de unos pocos socios. En un escenario de crisis o ralentización económica en China, ello inmediatamente repercutirá en forma brutal en varios de nuestros países, partiendo por Chile, Perú y Uruguay.

       A pesar de que solo muy recientemente China se convirtió en un actor de peso en América Latina, esa realidad llegó para quedarse. Por lo tanto, las partes deberán hacer un esfuerzo importante para aprender a relacionarse con la otra y entender sus códigos. Ello incluye abordar más profundamente las variables políticas y culturales, hasta ahora subordinadas por el intercambio económico.

       América Latina debe evitar verse arrastrada (en la medida de lo posible) en el enfrentamiento en los distintos campos entre EEUU y China, concentrándose en el fortalecimiento regional. Es clave que nuestros gobiernos entiendan que solo mancomunadamente (sea como Alianza del Pacífico, Mercosur o Prosur, por mencionar los mecanismos más relevantes) hay alguna posibilidad de disminuir las asimetrías en la relación con las grandes potencias en pugna y escenarios de suma cero, en un sistema multilateral cada vez más debilitado.

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