Desafíos políticos 2019 y ¿Dónde está el Centro Político?

Clemente Pérez

Abogado y académico

       ¿Tiene sentido identificarse de centro político? ¿Qué es ser de centro? Para algunos, el centro político es una posición equidistante entre los extremos. Otros más bien, desde la economía y desde la teoría de juegos, lo identifican con el votante mediano. También están lo que se refieren al centro político como los partidos bisagra, lo que hace que el centro político sea visto más bien como una posición móvil. Pero ¿es cierto que el centro político sea una posición sin tanto contenido como estos postulados expresan? ¿Dónde se ubicaría el centro político en el Chile de hoy, en la política nacional?

       Hoy es poco atractivo auto denominarse de “centro”. Más aún, muchos piensan que se trata de una categoría que ya no existe y que quedó en el pasado. La definición de derechas e izquierdas, que proviene de la Revolución Francesa, ya no parece ser útil para un escenario político tan distinto del que hubo en esos años. Sin embargo, vemos que estos conceptos se siguen utilizando cotidianamente en nuestro país y en el mundo entero.

       Por lo mismo cabe preguntarse si ¿Sigue vigente la distinción entre derechas e izquierdas? O

       ¿No habrá quedado obsoleta esta distinción entre estos polos? Existen varias razones para creer que esta dicotomía está superada y en ello hay varias explicaciones posibles.

       La primera razón para sostener que ya no habría derechas e izquierdas sería la crisis de las ideologías. Hoy la discusión es mucho más pragmática, aplicada e incluso a veces “cosista”.

       La segunda razón sería el fin de derechas e izquierdas por causa de una síntesis entre ambas,  el surgimiento de una Nueva Vía o de una tercera vía, que haría obsoleta esta discusión. Algo similar a la tesis del fin de la historia de Francis Fukuyama, donde básicamente se proponía la existencia de una sola línea de pensamiento luego de la caída de la cortina de hierro.

       Una tercera interpretación del fin de derechas e izquierdas es  que,  hoy en día los grandes temas de discusión serían otros y distintos, como el ecologismo, las nuevas tecnologías, consideraciones sobre la ciudad, el feminismo, etc.

       A mí juicio, estas posibles interpretaciones no son capaces de dar por muerta a la distinción entre derechas e izquierdas. En efecto, todo indica, tal como señala el pensador Norberto Bobbio, en “Derechas e Izquierda. Razones y significados de una situación política” que la llamada crisis de las ideologías es más aparente que real, y que la gente sigue posicionándose en torno a ideas, y no sólo ideas, sino que también en torno a valores e intereses. “Las ideologías no han desaparecido en absoluto, al contrario: están más vivas que nunca. Las ideologías del pasado han sido sustituidas por otras nuevas o que pretenden ser nuevas. El árbol de las ideologías está reverdeciendo”, indica en el texto.

       Y una segunda hipótesis, muestra que el fin de la historia, o una síntesis entre derechas e izquierdas, no han respondido a lo que se pronosticó, como es evidente. Se han producido grandes acuerdos nacionales en determinados momentos de la historia, pero sin ser capaces de destruir las diferencias políticas entre representantes, ni entre electores.

       Por último, respecto de la tercera hipótesis, cabe señalar que si bien para cada uno de los tópicos existen diversas miradas y modos distintos en que los ciudadanos nos situamos, es inevitable constatar que básicamente, estos nuevos temas y asuntos de interés público también permiten la existencia de nuevas derechas y nuevas izquierdas. Así, la mirada sobre el ecologismo y el medio ambiente es distinto para quienes son de derecha y quienes son de izquierda. Lo mismo sobre el desarrollo de las ciudades, sobre las nuevas tecnologías o sobre como promoverlas, o sobre el feminismo. Para cada uno de estos temas, siempre termina habiendo una mirada de izquierda y una de derecha. Con sus matices y tecnicismos, pero al final, sigue habiendo una forma de agrupar distintas visiones.

       En suma, pese a los augurios que predecían el término de derechas e izquierdas, pienso que esta distinción sigue siendo útil y realista. Poco atractiva tal vez, por causa de sus años, pero sigue siendo una forma didáctica y clara de resumir en una palabra, miles de ideas, valores y sentimientos. Ser de derecha o de izquierda termina siendo, para muchos, finalmente como una cultura, una forma de ser, una forma de plantearse ante los demás.

¿Qué separa a derechas de izquierdas?

       Bobbio sostiene que, fundamentalmente, la discusión entre derecha e izquierda gira en torno al concepto de igualdad, con una izquierda que trabaja en la búsqueda de superación de ciertas condiciones de desigualdad. Y en el cómo nos situamos en el eje de este valor de la igualdad, es lo que nos definiría o de derecha o de izquierda.

       Vale precisar que hay ciertos matices, más allá de la literatura marxista pura, que vale la pena tener en cuenta cuando hablamos de igualdad. Así por ejemplo, en el texto “La igualdad liberal”  de la historiadora Lucía Santa Cruz se plantea que, “existen diferencias biológicas iniciales entre los individuos y también diferencias culturales y de socialización temprana que no pueden ser eliminadas sin interferir gravemente en la libertad y el futuro de las personas en general. La creación de riqueza, por otra parte, de la cual depende la prosperidad de todos, exige estimular y recompensar ciertos talentos, entre ellos, la inteligencia, la creatividad, la innovación y el esfuerzo”. Es decir, no es posible procurar una igualdad absoluta, pues hay diferencias individuales y sociales indesmentibles. Y de querer hacerlo, se lesionaría gravemente la libertad de esas personas. Como tampoco sería deseable, pues eso llevaría a la inactividad de la sociedad.

       Podemos ver, por tanto, que la forma en cómo se plantea reducir la igualdad encuentra distintas visiones o miradas con implicancias que en política, llevan a desarrollar discusiones en temas relevantes para la ciudadanía, como son por ejemplo la redistribución del ingreso, y que desde un punto de vista sería a través del gasto social o por otro, desde una nueva estructura tributaria. Y es en este escenario en donde se desarrolla nuestra discusión diario en temas públicos, donde nos planteamos qué tipo de políticas son capaces de reducir la igualdad sin afectar la necesaria o en el cómo dar un empujón que permita reducir estas diferencias, tal como lo plantea Richard Thaler.

       Un segundo eje que plantea Bobbio, cuando discutimos sobre derecha e izquierda, y por cierto de centro, es la discusión entre libertario e igualitario, algo también cotidiano en la discusión tanto de política, política económica, de Estado, mercado o en temas valóricos como la legalización de la marihuana, aborto o la discusión actual respecto al régimen de detención preventiva para menores de edad.

       En suma, dos ejes fundamentalmente marcan la discusión entre derecha e izquierda, y definen el posicionamiento político de cada cual (o “domicilio” como le llaman hoy en día), en torno al concepto de la igualdad y niveles de libertad. En torno a esos ejes, obviamente, se posiciona también el centro político.

       A partir de estos dos ejes, es posible describir el siguiente mapa político, en el que se ubican por una parte (abajo a la izquierda) izquierdas extremas, movimientos igualitarios, socialismos reales, (arriba a la izquierda) socialismos liberales, movimientos socialdemocracias, movimientos liberales igualitarios, entre otros, (abajo a la derecha) movimientos populistas de derecha, autoritarismo, fascismo, y (arriba a la derecha) partidos neoliberales, o socialcristianismos europeos, en otras veredas.

¿Y dónde estamos nosotros?

       Si uno tuviera que decir ¿dónde estamos?, podríamos decir que obviamente el mundo civilizado se ha ubicado en un ámbito que ha ido dejando en el pasado las formas más extremas de autoritarismo y que dentro de este eje estamos ubicados en un espacio menos rígido, más líquido y que no se puede fijar en un hito.

       Tiene razón el historiador Niall Ferguson, que dice que hoy en día hay una cultura y una civilización predominante, y que ella es la de occidente, con sus implicancias para todo tipo como son la democracia, los derechos humanos, el constitucionalismo, el sistema de mercado, la propiedad privada, etc. Eso lleva a que el debate se centre a izquierda y derecha del eje superior, el de mayores grados de libertad.

       Y dentro de este eje, es iluminador el punto de vista de pensadores anglosajones, que se sitúan en torno a este eje de mayor libertad. Es el caso de John Rawls,  quien el 71’ publica la Teoría de la Justicia, que permite posicionarse en esta geografía. Él dice “para tomar una posición política cada uno de nosotros, imaginémonos qué tipo de sociedad o de organización política quisiéramos, en qué tipo de sociedad quisiéramos vivir, pero sin saber la posición que vamos a ocupar en ese país o sociedad”. Esta es la tesis del velo de la ignorancia, es decir, definir teóricamente en qué tipo de sociedad quisiéramos vivir, sin saber nuestro rol en ella: si seremos ricos o pobres, hombres o mujeres, jóvenes o adultos. Seguramente, antes esa pregunta, buscaríamos una sociedad igualitaria, pero que asegure dignidad, progreso y libertad.

       Por ello, el velo de la ignorancia que propone Rawls constituye un instrumento valioso para definir la postura de cada cual en el espectro de derechas e izquierdas que hemos mencionado.

       Y en este marco teórico, yo me inclino por una posición de centro, con un concepto fundamental de igualdad, de justicia social, pero también con libertades que me permitan surgir, discrepar y vivir con libertad. Por ello, me parece que esta corriente de pensadores liberales igualitarios vale la pena ser considerados para analizar el mundo de hoy, especialmente para quienes somos humanistas cristianos y nos formamos con Mounier y Maritain.

       Siguiendo en la idea, me parece que la idea es avanzar hacia mayores niveles de justicia en un esquema de institucionalidad liberal, respeto a los derechos humanos, promoción de la iniciativa privada y del emprendimiento. En Chile hemos leído poco a Rawls, a Maichel Walzer, a Alasdair MacIntyre, que representan una vertiente más “igualitaria” del liberalismo (o “liberal” en términos de política norte americana), en contra posición al liberalismo más tradicional o “libertarian” (Nozick, Hayek). Los manuales políticos de ciertos partidos como la Democracia Cristiana chilena se han quedado pegados en escritores en boga en la década del sesenta, con propuestas ideológicas de poco sustento para los tiempos actuales, tales como “socialismo comunitario” o reforma agraria.

       Lo que dice el historiador y cientista político Yuval Harari, es desafiante.  En contraposición de lo planteado por Fukuyama, de esta promesa del crecimiento permanente y del progreso incesante que iba a generar esta sociedad liberal, eliminando el resto de las ideologías, Harari sostiene que el fin de la historia se ha pospuesto, tal como se relata en “21 lecciones para el Siglo XXI”: “En 1938 a los humanos se les ofrecían tres relatos globales entre los que elegir, en 1968 sólo dos y en 1998 parecía que se imponía un único relato; en 2018 hemos bajado a cero”.. Se refiere que en 1938, previo a la segunda guerra mundial, había tres relatos en los que elegir, pues estaba el relato liberal, el marxista y el fascista. Fracasa el fascismo con la guerra, quedando el liberalismo y el marxismo, pero “luego de la caída de la cortina de hierro, es sólo el liberalismo el que permanece, que, aun cuando no es un buen sistema, es el mejor que conocemos”. Desde la crisis del 2008, así como desde el 2016, con el triunfo de Trump, hay que reconocer que el liberalismo carece de un relato, de un relato que convoque con la misma fuerza que tuvo hace quince años. O sea, cuando sólo quedaba un relato, ese era el del liberalismo, y por eso se habló del fin de la historia. Pero ahora ya no queda tampoco el liberalismo en pie.

       Y en esto creo que las élites, de las que formamos parte, están sumidas en un estado de conmoción y desorientación, y de falta de relato. Hemos perdido sintonía con quienes hoy se sienten defraudados por el triunfo del capitalismo y buscan otras respuestas, generalmente sin encontrarlas.  Obviamente el socialismo latinoamericano del siglo XXI no ha constituido una alternativa viable. El drama que vive Venezuela, y en menor medida, pero no menos preocupante, la situación más cercana de Argentina, nos muestran que tampoco esa es una alternativa válida.

       Entonces, queda la tarea de encontrar un relato actualizado y capaz de convocar. Hay que recoger el guante, sin renunciar a lo que creemos. No digo que tenemos que pensar distinto, sino que necesitamos un relato que sea capaz de, primero, revisar las razones por las cuales esta promesa del crecimiento permanente y seguro, que daba el liberalismo, hoy no es tal y no es sentido por mucha gente.

       La idea principal es cómo avanzar hacia mayores niveles de justicia, en un esquema de instituciones liberales. Los atajos no han dado los frutos esperados. Las soluciones se encuentran en el mundo de un liberalismo preocupado por la inclusión y la equidad. Tal como el propio Barack Obama ha señalado, “a pesar de los numerosos defectos del paquete liberal, este tiene un historial mucho mejor que cualquiera de sus alternativas. La mayoría de los humanos nunca han disfrutado de mayor paz o prosperidad que durante la tutela del orden liberal de principios del siglo XXI. Por primera vez en la historia, las enfermedades infecciosas matan a menos personas que la vejez, el hambre mata a menos personas que la obesidad y la violencia mata a menos personas que los accidentes”.

En búsqueda de un nuevo relato

       Y ¿Cómo generar este nuevo relato? Yo creo que todos tenemos distintas tareas y distintas aproximaciones, para construir un relato de centro más atractivo y convocante. Un relato que sea moderno y que recoja temas de preocupación generalizada, como, por ejemplo, el crecimiento, la seguridad ciudadana, el desarrollo integral de las ciudades y le medio ambiente. La misma derecha tiene que hacerse cargo de cómo en su relato debe construir mayores niveles de igualdad, de construir sin caer en el populismo de Kast o de Ossandón, o en el elitismo que tiende a caer la derecha económica chilena. La izquierda, por su parte, me parece que tiene que demostrar que es capaz de asegurar crecimiento económico, empleo. Pero lo que hemos visto en el último tiempo es una desorientación respecto a las aspiraciones de la opinión pública, con discusiones muy elitistas y muy de nicho.

       Pero también nos cabe una responsabilidad en esta discusión. A mi juicio tiene sentido ser el centro y no renegar de esa responsabilidad. Pero siempre y cuando se busquen conceptos transversales y progresistas moderados. Creo que ello es una de las tareas más grandes que tenemos, pues es fácil tener discursos motivantes como los del Che Guevara o el de Bolsonaro, que en Brasil prende, pero aquí hay una tarea fundamental como el llegar a acuerdos y entusiasmar a los jóvenes. Y por lo tanto creo que es necesario revalorizar el modelo liberal, superar la trampa de ingresos medios. Esas son nuestras tareas y desafíos.

Política de alianzas

       El centro político en Chile se enfrenta a un escenario complejo al momento de definir su política de alianzas. Este es el caso de la Democracia Cristiana, el partido político que tradicionalmente ha representado al centro o que había representado al centro, pues según sus propias definiciones partidarias ya no es de centro sino de centro izquierda. La DC se da cuenta que aislada no puede llegar al poder. El “camino propio” le asegura protagonismo, pero no acceso al Gobierno. Además, la posibilidad de que la DC en Chile – a diferencia de la DC en todo el mundo que tiene alianzas con la centroderecha – llegue a alianza con la derecha o centro derecha es bastante baja o nula, por razones históricas y culturales. Por ello, su espacio natural es una coalición con la izquierda. Sin embargo, la relación de la DC con la izquierda ha tenido un costo grande para el centro, no para la izquierda. Y se produce “un vaso comunicante: cuando la DC crece, la derecha baja; cuando la DC baja, la derecha crece”, tal como lo ha señalado Genaro Arriagada.

       Por tanto, si se asume como premisas que el centro sólo puede aliarse con la izquierda en Chile, pero que esa misma alianza provoca su deterioro electoral, nos encontramos ante un callejón sin salida. En otras palabras, dado que la DC no puede llegar a aliarse con la derecha, la única opción es que esté en un pacto de centro izquierda donde primen ideas moderadas. De lo contrario, esos votos irán a la centroderecha, como ocurre en la actualidad. Lo paradojal entonces es que la izquierda, al presionar por sus ideas, termina siendo oposición. Por ello, pareciera razonable, primero revisar estas premisas, de modo tal que el centro pueda aliarse no sólo con la izquierda, sino también con la centroderecha; y segundo, que estas alianzas no signifiquen abandonar su posición de moderación, para evitar el deterioro de su base electoral, tal como ocurrió cuando la Democracia Cristiana se alió con la Nueva Mayoría.

       El análisis anterior, es pensando en la Democracia Cristiana como representante del centro en Chile. Pero también puede ocurrir que, por decisión propia de la misma DC, y por actuación de otros actores, surja un nuevo referente de centro que ocupe ese espacio dejado en un cierto abandono.

Conclusiones

       En resumen, subsiste la diada entre derecha izquierda, lo que significa que el centro también existe, aun cuando las ideas, las propuestas y los ejes de debate hayan cambiado profundamente en este tiempo. Y también es claro que ha prevalecido la civilización occidental, valorando los derechos humanos, la democracia, el constitucionalismo, el mercado, todo lo que conforma un relato liberal. Pero este relato, si bien ha sobre vivido y predominado, también se encuentra en entredicho, porque ha generado decepción y no ha logrado cumplir la promesa del crecimiento permanente.

       Por ello nos enfrentamos a tentaciones populistas, autoritarias por el lado de la derecha y estatistas por el de la izquierda. Están creciendo los polos y debilitándose el centro político, que queremos rescatar.

       En este escenario, urge proponer un nuevo relato, que sea convocante, y se haga cargo de los nuevos desafíos, buscando respuestas a esos nuevos desafíos, sean inteligencia artificial, mecanización, qué va a pasar con el empleo, calentamiento global, migración, y otros temas. Junto con lo anterior, definir una política de alianzas que ocupe un espacio que se observa abandonado, en busca de quien lo quiera ocupar.

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