El Futuro del Centro Político.1

Por Sylvia Eyzaguirre T.

       Actualmente no hay un partido importante domiciliado en el centro político. La Concertación, en su amplia alianza con el Partido Socialista, el Partido Por la Democracia, Partido Radical Socialdemócrata y la Democracia Cristiana, habitó el centro político. Los pilares de la Concertación fueron:

I. Recuperar la democracia. Avanzar en la creación y robustecimiento de las instituciones políticas como el poder ejecutivo, el congreso, el poder judicial, las fuerzas armadas, los municipios y Banco Central. Consolidar la democracia fue un éxito tremendo de los gobiernos de la Concertación: tenemos instituciones democráticas que funcionan. Es verdad que tenemos problemas de efectividad en la ejecución de las políticas, pero las instituciones son funcionales y hemos logrado enormes avances en la democratización de nuestro país. Estos avances se realizaron a través de grandes acuerdos y de forma gradual.

II. Progreso económico sostenido. La Concertación entendió que sin la economía no existe posibilidad de desarrollo social y entendió que, para lograr ese desarrollo económico, el libre mercado es la mejor manera. Chile creció de forma sostenida en los gobiernos de la Concertación, que además tuvieron políticas fiscales estrictas que permitieron financiar sus proyectos sociales.

III. Construir una social-democracia. Por supuesto, a comienzos de los años 90 teníamos más de 40 por ciento de pobres en el país, por tanto, las políticas sociales en los años 90 se focalizaron en los más pobres a través de fortalecer los subsidios habitacionales, salud y educación. En los principios del 2000 nos enfocamos en infraestructura y conectividad. El foco en los más vulnerables y en las urgencias de las personas (salud y educación) ha permitido que nuestro país hoy sea el que tiene el mejor sistema educativo de la región, una de las mortandades infantiles más bajas del mundo y una de las esperanzas de vida más altas del mundo.

       En estas casi cuatro décadas nuestro país cambió drásticamente. Surgió una nueva clase media, más contundente, con más acceso a la educación superior, a créditos e incorporada en la sociedad de consumo como un actor fundamental. Los avances en tecnología han democratizado el acceso al transporte, se incorporó el concepto de vacaciones y la segunda vivienda. Por otra parte, las redes sociales han democratizado el acceso a la información. La sociedad chilena se ha beneficiado de los avances económicos, pero ello ha repercutido en distintas dimensiones. Somos una sociedad más moderna, más tolerante, más diversa, pero también más individualista. Los derechos individuales han cobrado fuerza y las nuevas generaciones son más liberales que las generaciones anteriores.

La reconstrucción del centro político.

       La primera tarea para reconstruir el centro político es pensar quiénes son hoy las personas a las que hay que representar, cuáles son sus ambiciones y los problemas que les aquejan. Considerando la estructura antes mencionada, creo que cada una de esas dimensiones debe estar presente en el ideario del centro político, pero acorde a los desafíos del siglo XXI. Frente a esto aventuro algunas líneas generales:

I. Todavía nos falta para avanzar en democratizar Chile. Tenemos un Estado muy centralizado y excesivamente presidencialista. Un Congreso coartado por un Tribunal Constitucional que se ha transformado en una tercera cámara. Tenemos instituciones poco eficientes y, en algunos casos, con problemas de corrupción. Necesitamos avanzar hacia un estado más moderno y eficiente.

II. Modernizar el Estado. Ello significa rediseñar el Estado para que este pueda cumplir de mejor forma su propósito. Ello implica repensar su actual estructura: régimen presidencial, un poder ejecutivo que cuenta con 24 ministerios que tenga la flexibilidad para que los gobiernos puedan unirlos o separarlos, evaluar cuánto poder le entregamos al parlamento y el número de sus miembros, repensar cuántas regiones necesitamos y qué facultades le entregamos, adaptar nuestros gobiernos locales y los regímenes que los acompañan y la profesionalización empleados públicos. Algunos creen que no se puede avanzar en este tema sin antes zanjar qué tipo de Estado deseamos: uno subsidiario o de uno de bienestar. Creo que esta aproximación es equivocada, ya que este asunto debe zanjarse de forma democrática y en las urnas. Con todo, independientemente del tipo de Estado que tengamos necesitamos que funcione de forma óptima y para eso es fundamental su modernización.

III. La trampa del ingreso medio y una economía que mira al futuro. En lo que respecta a la economía, existe consenso – probablemente más aún después del segundo gobierno de Bachelet – sobre la importancia que tiene la economía para la viabilidad de un proyecto político. Sin crecimiento económico es muy difícil avanzar en bienestar social. Todos los países que hoy gozan de bienestar social, lo han logrado con crecimiento económico. Hay distintos modelos para alcanzar este objetivo, pero todos ellos tienen una economía competitiva: Suecia, Noruega, Alemania, Japón, Australia, Canadá, Nueva Zelandia, etc. En los últimos 40 o 45 años Chile abrió su economía: la hizo más competitiva y atrayendo inversión extranjera. Pero los desafíos que nos depara el siglo XXI en materia de producción son vertiginosos y si nos los asumimos y comenzamos a trabajar en ellos nos va a afectar mucho. Actualmente, se reconoce que los principales desafíos que enfrenta Chile en este plano son:

a.) Cómo agregar valor a nuestras materias primas y agregar valor a nuestras materias primas y

b.) La energía como factor clave para la producción. En el gobierno de Bachelet se avanzó en diversificar la matriz energética, incluyendo las energías renovables. Pero todavía nos falta seguir avanzando, introduciendo políticas públicas que impacten el consumo.

IV. Robótica y la inteligencia artificial. Los expertos estiman que dentro de 10 o 15 años cerca del 50% de los trabajos que hoy conocemos serán realizados por máquinas. Esto es un gran desafío para el cual necesitamos prepararnos. Debemos aumentar nuestra inversión en investigación e innovación para no quedarnos atrás en esta cuarta revolución. Hoy invertimos 0,5% del PIB en este ítem cuando el promedio en los países de la OCDE es del orden de 2% y en países como Corea es cercano al 5%. Si no hacemos este sacrificio, puede ser que en 20 años retrocedamos todo lo que en estos últimos 40 años hemos avanzado.

V. Educación. En este campo tenemos un problema de pertinencia. No estamos enseñando las habilidades que nuestros estudiantes deben desarrollar. Tenemos un modelo educativo del siglo XIX, tanto en la educación parvularia, como escolar y superior. Necesitamos un cambio en las mallas de estudio, que a su vez implica un cambio en la forma de enseñar. Por ejemplo, ya no basta con que nuestras futuras generaciones sean alfabetos en castellano: necesitamos que las futuras generaciones estén alfabetizadas digitalmente, competentes pensamiento computacional y con un buen manejo del inglés. En la educación superior se debe avanzar hacia un sistema más flexible, menos profesionalizante, con carreras más cortas y pertinentes al campo laboral como ya lo está haciendo Europa desde hace más de 18 años.

       Por último, creo que hay dos aspectos esenciales al centro político: la concepción del Estado subsidiario y la gradualidad. El Estado subsidiario se puede entender de muchas formas. En Alemania la Democracia Cristiana tiene como uno de sus principios el Estado subsidiario y ustedes no podrían creer el tamaño del Estado en Alemania. Con Estado subsidiario me refiero a la convicción de que el país se desarrolla mejor cuando el Estado trabaja en conjunto con la sociedad civil. La sociedad civil debería poder participar en todos los ámbitos, excepto en aquellos que son críticos, y colaborar con el rol del Estado de proveer servicios y bienes. Mantener las alianzas público-privadas resulta fundamental para la economía y para las diversas áreas de servicios del país. Para mantener esta alianza resulta fundamental recuperar la confianza en el sector privado. Esto exige perfeccionar el funcionamiento del mercado, inyectándole más competencia. A su vez, necesitamos fortalecer el Estado y ello debe ir de la mano con avanzar en meritocracia, transparencia, objetividad, y establecer sanciones ejemplares ante quienes incumplen estos compromisos.

       El segundo aspecto es la gradualidad en los cambios. El centro político no está por las revoluciones ni refundar la sociedad, busca cambios que se adecuan a los tiempos, pero los busca con grandes acuerdos y esos acuerdos imponen su propia temporalidad que es la gradualidad. ¿Es posible un acuerdo programático de mediano-largo plazo en torno a ellas? En las últimas semanas hemos visto algunas señales hacia el centro de los partidos de la ex Concertación, pero todavía es muy prematuro saber hacia dónde avanzarán. Por último, pero no menos importante, creo que el uno de los roles más importantes del centro político es mejorar el clima político en el país y eso se hace tendiendo puentes tanto hacia la derecha como hacia la izquierda. En este proceso de diálogo el centro tiene la posibilidad de cumplir un rol clave, pero para eso tiene que atreverse a cruzar veredas.

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1 La siguiente es una versión abreviada de la ponencia presentada por Sylvia Eyzaguirre en el seminario El futuro del centro político, el 10 de agosto del 2018 en la Universidad de La Frontera, Temuco, Chile.

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