En Defensa de los Derechos Humanos

Por Jaime Abedrapo R.

       Ser Comisionada de Derechos Humanos en Naciones Unidas hoy, requiere un compromiso con la justicia, la prudencia, la templanza y la fortaleza; es decir, con las virtudes cardinales de la política. Pero en especial con la fortaleza, la cual se alimenta principalmente de la convicción por el resguardo y protección de la dignidad de las personas.

       La Ex Presidenta Michelle Bachelet ha aceptado el desafío en tiempos de una notoria desidia de los estados por respetar los tratados internacionales, en especial los que limitan el ejercicio de la fuerza o la amenaza del uso de esta. Hemos sido testigos de violaciones flagrantes a los derechos humanos a diario en Medio Oriente, África, Latinoamérica, Asia, y del incumplimiento de regímenes sustantivos en materia de derechos humanos, tales como el de los refugiados por parte de la Unión Europea, o lo deshumanizante del Presidente Trump al separar de sus padres a los hijos de inmigrantes indocumentados.

       El relativismo axiológico que gana adeptos a escala mundial es posiblemente la mayor dificultad de quien asume la función de promoción de los derechos humanos a nivel mundial. En efecto, cuando se relativiza la condición humana, la ideología y los intereses gubernamentales e individuales son los que interpretan de manera interesada dicha noción. Con ello comprendemos el robustecimiento de las masacres a opositores, las persecuciones políticas, las dictaduras de las mayorías, el desconocimiento de las identidades del otro; la autonomía del individuo frente a sus responsabilidades irrenunciables hacia la comunidad y el olvido de la noción de dignidad humana, entre otras manifestaciones que caracterizan al mundo de hoy. Un mundo que tiende a olvidar cuáles son y el por qué existen los derechos humanos, cuya misión primera es salir en defensa de los más vulnerables e indefensos.

       En consecuencia, le deseamos éxito a la Ex Presidenta Bachelet en el desafío que emprende. Esperamos que con sabiduría y fortaleza sepa aportar al área de los derechos humanos en un mundo cada vez más desmemoriado respecto a los compromisos asumidos en la Carta de los Derechos Humanos de 1948, la que dio uno nuevo sentido político luego de las atrocidades vividas durante las dos Guerras Mundiales.

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