A propósito de la renuncia de Theresa May y el soap opera del Brexit

Juan Pablo Glasinovic Vernon

Abogado

Miembro

Comisión de Relaciones Internacionales de PCP

       La renuncia de la Primera Ministra May a la jefatura de gobierno, al encontrarse en un callejón sin salida sobre la definición británica sobre el Brexit, deja otra víctima del fatídico referendo de 2016 y que tiene sumido al Reino Unido en un soap opera (teleserie), que ni el mejor guionista hubiera podido extender exitosamente por ya 3 años y con un alto rating, como es el caso.

       Este proceso, por lo mismo, da para infinidad de observaciones y opiniones. En lo que a mí respecta, existen 3 aspectos a analizar y que se han reavivado con la renuncia de May: el mandato de las mayorías, los excluidos de los beneficios de la globalización y la calidad del liderazgo político.

       Desde hace ya algunos años, asistimos a un reduccionismo – deliberado en muchos casos – del concepto de la democracia. Se nos repite que en una democracia la mayoría manda y punto. Se agrega que, cumpliendo esa única condición, no hay límite a la voluntad popular. Sabemos que esa versión ha sido y es utilizada por quienes solo buscan el poder e imponer su visión, bajo un manto de legitimidad. La democracia es mucho más que eso. Incluye el respeto a la minoría y un complejo entramado de pesos y contrapesos, para asegurar la alternancia en el poder y evitar que mayorías pasajeras tomen caminos radicales en desmedro del resto.

       En el caso del Brexit, desde que se convocó al referendo, la lógica ha sido esa. Nunca se consideró que en una decisión tan trascendental, de cambio tan profundo (precisamente porque ni Cameron ni la mayoría de la clase política previó una derrota) y por sus implicancias de todo tipo, requería de una sólida mayoría. Hubo una abstención de cerca del 30% y del total de votantes, el 51,9% apoyó la salida de la UE. Un triunfo incontestable pero no suficiente para llevar al país hacia un rumbo desconocido, como lo ha demostrado la amarga división en 2 mitades que sacude al país y que no se ha resuelto. Creo que esto podría haberse evitado si se hubiere previsto un proceso con una clara definición de quórums y pasos que diesen plena legitimidad a la opción ganadora. Pero lo hecho, hecho está y la gran lección es que,  cuando se trata de consultar a la ciudadanía directamen sobre opciones que pueden alterar significativamente el statu quo, como es la división territorial, cambio de régimen político, etc., pasa por disponer de reglas que aseguren mayorías calificadas o la búsqueda de consensos políticos amplios.

       Frente a este dilema hoy hay muchos que quisieran realizar un segundo referendo, lo que pienso podría ser una salida. En este punto creo que confirmar o rechazar el primer resultado, debiera esta vez presentar alternativas claras. Por supuesto los que apoyan el Brexit se niegan a esa posibilidad. Pero en su misma lógica, ¿por qué no se puede volver a considerar el tema? ¿Y si gana la alternativa de permanecer, aunque sea con el mismo quórum, no sería tan legítimo y definitivo como el resultado de 2016? Como lo dije, estas decisiones requieren de reglas y pasos que aseguren una mayoría incontestable, pero el daño ya está hecho por la imprevisión e impericia inicial en el proceso con el referendo.

       Pero prácticamente nadie en el liderazgo de los principales partidos británicos previó la posibilidad de una derrota a la opción de permanecer, y eso es un indicativo de su desconexión con una buena parte de la sociedad. Esto, a su vez, explica el descontento de los que se han sentido excluidos y que se manifiesta básicamente en apoyar cualquier opción que implique debilitar o sacar a los que muchas veces perciben como una casta endogámica, que vive en otra dimensión. Esa energía negativa que llega a ser rabia, es aprovechada por toda clase de populistas, que prometen hacerse cargo de las necesidades insatisfechas y largamente postergadas. En este caso, el gran vehículo del descontento, fue votar la salida de la UE, sin aquilatar, en la mayoría de los casos, sus consecuencias.

       Esto irrumpió en la agenda de la política económica, obligando a prestar atención a una trayectoria económica que ha distribuido de manera muy desigual los beneficios del crecimiento durante las últimas cuatro décadas.

       Pero no solamente fallaron en prever, también han sido incapaces de forjar un consenso, a partir del nuevo escenario que irrumpió, de definir el tipo de salida. Eso es otro síntoma de un déficit de conducción, agravado por divisiones en el seno de los partidos tradicionales. Hay que reconocer que Theresa May hizo un gran esfuerzo para lograr un Brexit “blando”, pero fue en vano. Se llevó portazo tras portazo y casi 3 años después, prácticamente no se ha avanzado en la decisión del tipo de salida, a pesar de una prórroga concedida por la UE hasta el 31 de octubre.

       El Reino Unido se encuentra sumido en uno de los atolladeros de su historia, en este caso de origen y gestión exclusivamente domésticos.

       La solución del tipo de Brexit o incluso la eventual permanencia en el bloque europeo, debe implicar un pacto social, y no será posible sin los 3 elementos mencionados al inicio: toma de conciencia sobre la necesidad de construir una mayoría sólida que avale el camino a seguir (y no basta el 50% +1); hacerse cargo de los miedos y anhelos de los votantes que usaron el Brexit como catalizador de su malestar. Se suma a ello que nada de lo anterior será posible, sin un liderazgo a la altura de la encrucijada que vive el país y que marcará su derrotero por mucho tiempo.

       Lamentablemente, por el momento no se ve factible lo de la persona correcta en el momento adecuado. Ahora vienen las elecciones de sucesor(a) de May y los candidatos no parecen estar a la altura de lo que se requiere. Pese a ello existe esperanza, porque la historia muchas veces nos ha demostrado que estamos equivocados y que ciertas personas, ante las circunstancias y la investidura del cargo, se transforman, logrando ponerse a la altura de los desafíos y movilizando exitosamente a sus sociedades. De verdad esperamos que así sea. Mientras tanto, hold your breath.

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