La salida de las crisis de Venezuela y Nicaragua tiene escala obligada en Cuba

Juan Pablo Glasinovic Vernon

       Los que sufrimos por la magnitud de la crisis humanitaria en Venezuela y la ineptitud “nivel leyenda” del régimen chavista y del dictador Nicolás Maduro, además de su implacable represión a la oposición democrática, no debemos olvidar que parte importante del problema, y en consecuencia también de la solución, radica en Cuba. Igualmente, aunque en menor medida, esto se replica con la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua.

       En ambos casos, los líderes del denominado “Socialismo del siglo XXI”, entre los que destacó Hugo Chávez, se inspiraron políticamente en el régimen castrista y establecieron tempranamente una estrecha alianza de cooperación con la isla. Al menos con Venezuela, la transacción fue petróleo y financiamiento, a cambio de algunos servicios cubanos, pero fundamentalmente de asesoría para desmantelar las estructuras democráticas y transformar o constituir diversas instancias para controlar a la ciudadanía. Ello significó la reorganización de las FFAA y su instrucción ideológica, así como la creación de la Milicia Bolivariana, por mencionar algunos de los cambios de mayor impacto. Los servicios de inteligencia, y en particular el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), también se inspiraron en el modelo cubano y cuentan con personal de ese país. De hecho, se menciona que serían más de 20.000 funcionarios cubanos los que están enquistados en las entidades claves del poder en Venezuela.

       Después del denominado “Período Especial”, eufemismo que alude a un período de grandes carencias económicas, incluyendo la falta de alimentos, derivadas de la disolución de la URSS y el fin de los millonarios subsidios soviéticos a Cuba, la elección de Hugo Chávez en 1998 y su inmediato acercamiento al régimen de Fidel Castro, fue como maná del cielo para el estrangulado gobierno isleño.

       Aprovechando la sintonía ideológica existente y la generosidad de un gobernante que, en ese entonces nadaba en dinero por los precios del petróleo, el gobierno cubano se abrazó como un pulpo al nuevo mecenas y comenzó a mover sus peones para asegurar la estabilidad de esa alianza y el vital suministro de recursos subsidiados. El año 2000 ambos gobiernos suscribieron un acuerdo por el cual Venezuela suministra 49.000 barriles de petróleo al día, a cambio del envío de médicos y entrenadores deportivos cubanos.

       Esto se pudo apreciar a la muerte de Chávez, en 2013, cuando con apoyo cubano, se consolidó como su sucesor Nicolás Maduro, pasando primero por encima de las disposiciones constitucionales y luego imponiéndose en unas elecciones irregulares, para, a partir de ahí, ir destruyendo el remanente de institucionalidad democrática y gobernar prácticamente por decreto.

       Desde entonces, y con grandes dificultades, la oposición se ha articulado convirtiéndose en una real alternativa, con el respaldo de un grupo muy importante de países y de las democracias más importantes, tanto de la región como de otras latitudes, que no reconocen a Nicolás Maduro como el legítimo gobernante de Venezuela.

       A pesar de la profunda crisis en curso, aún más impactante por lo que representaba Venezuela en términos de democracia y desarrollo económico, lo que se manifiesta en una inflación astronómica, la devastación de su infraestructura, al punto de no tener electricidad ni agua potable, además de la falta generalizada de alimentos y medicamentos, lo que ha generado una migración de más de 3 millones de personas, el régimen chavista sigue en pie. ¿La razón? El control de las FFAA.

       ¿Y por qué las FFAA o sus altos oficiales han mantenido su lealtad? Parte de la respuesta tiene que ver con el intervencionismo y apoyo cubano, especialmente en materia de inteligencia y seguridad. Todo amago de rebeldía es severamente reprimido y en esa labor, la inteligencia cubana ha sido vital.

       El régimen dictatorial cubano tiene muy claro que su supervivencia está condicionada en buena parte a la suerte de Maduro, de ahí que hará todo lo que esté de su parte para evitar su caída y en menor medida, la de Ortega en Nicaragua.

       El principal ingreso de Cuba eran los “servicios médicos” vendidos a gobiernos amigos, pero con el advenimiento de Bolsonaro en Brasil, perdió a su principal fuente y ya está con dificultades económicas, que se acentuarán en el corto plazo. Una interrupción de los subsidios venezolanos, podría ser una estocada mortal para el régimen.

       Siendo lo anterior tan evidente, llama la atención que las estrategias para apoyar la recuperación de la democracia en Venezuela y su recomposición social y económica, no consideren en una primera línea el “factor cubano”. Mucho se habla e informa del apoyo de ese país a Maduro, pero ello no se ha traducido en acciones diplomáticas concretas. Más extraño aún, Rusia y China tienen más figuración como pilares de Maduro. Si bien es entendible, por su peso económico y militar, no tiene comparación con el grado de involucramiento cubano y por lo que está en juego, sin considerar el tema geográfico.

       Algo similar ocurrió con la guerrilla en Colombia hace unos años. La negociación con las FARC finalmente llegó a un acuerdo de paz, con la participación de Cuba.

       Reconocer explícitamente que Cuba es un factor decisivo en la crisis de Venezuela, debe ser el primer paso. Ello debiera implicar diversas acciones, en distintos foros. Pienso, desde la región, particularmente en el Grupo de Lima y en Naciones Unidas, como las plataformas naturales, sin perjuicio de lo bilateral.

       La estrategia, más allá de develar y representar la intervención indebida del Gobierno de Cuba en Venezuela, así como su actividad para impedir una alternativa democrática, puede adoptar varios caminos, que a su vez pueden coexistir e incluso converger.

       Uno de ellos es condenar y presionar a Cuba, rebajando el nivel de las relaciones gubernamentales y el intercambio económico. Otro es integrar a las autoridades cubanas en la negociación de una transición, a cambio de ciertas seguridades económicas. Entre medio hay muchos senderos y matices.

       Personalmente considero, dada la gravedad de la situación y su repercusión en la vida y bienestar de millones de venezolanos y la posibilidad de efectos desestabilizadores en la región, que deben explorarse todas las alternativas, sin rechazo de ninguna a priori. Pero es imperativo poner el foco en Cuba.

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